AMERPI
El trabajo básico del Grupo Teseo, cuyo eje fundamental es la teoría psicoanalítica, ha sido durante más de 30 años el de los diálogos clínicos mensuales, en los que se abordan casos clínicos, con la revisión crítica de la literatura sobre psicosis y retardo, acorde al caso. Hemos realizado 23 jornadas anuales de trabajo clínico teórico entre otras actividades que refuerzan los objetivos de la institución.SOBRE AMERPI
La Asociación Mexicana para el Estudio del Retardo y la Psicosis Infantil, Asociación Civil, Grupo “Teseo”, inicia en el año 2016, a través de nuestra página web, una nueva manera de comunicación con todos los interesados en el estudio de los problemas graves del desarrollo subjetivo. Nos interesa extender la transmisión de nuestro trabajo teórico clínico de tantos años y recibir retroalimentación de otros profesionales del campo de estudio arriba citado.
El escrito que viene a continuación pretende dar cuenta del porqué de la elección del nombre propio de la Asociación, describiendo el mito fundante y ubicarnos en el aspecto teórico central del grupo, que es la teoría psicoanalítica.
«El laberinto es la defensa mágica de un centro, de un tesoro, de una significación.»
Eliade.
Al hacer el lanzamiento de este portal web de AMERPI, queremos transmitir, primero que nada, la gran satisfacción que sentimos de poder presentar con las herramientas actuales, aspectos de la producción teórico-clínica alrededor del estudio del retardo y la psicosis infantil, que hemos venido realizando a lo largo de 29 fructíferos años de trabajo grupal y cuyos resultados van quedando plasmados en las publicaciones de la Asociación, de las que se reproducirán algunos artículos para ser leídos en línea, así como también la futura nueva revista.
Es inevitable utilizar la rima de deseo con Teseo, el “nombre propio” del grupo, llamado así por el legendario héroe ateniense, personaje central de muchas hazañas, entre las que elegimos, por considerar que puede representar simbólicamente nuestras propias vicisitudes en relación al “objeto de estudio” –los trastornos graves del desarrollo, la psicopatología del desarrollo-, aquella en la que Teseo se ofrece voluntario para el sacrificio por Minos de Creta y, una vez en la isla, es arrojado al interior del laberinto de Cnosos donde logró dar muerte al Minotauro. Laberinto del que pudo salir con la ayuda de Ariadna quien le proporcionó el hilo que le conduciría de ida y vuelta. Ovillo de seda que a ella le fue dado, por Dédalo, el brillante constructor, a la vez que paria desterrado, del laberinto del que nadie debía salir.
Otros personajes centrales, de los que arranca el drama que configura el mito son Minos, el rey cruel que exigía las víctimas que alimentaban al monstruo, y Pasifae, su mujer y madre del Minotauro, fruto de amores adúlteros y contra-natura. Éste, semihumano, caracterizado por una voracidad insaciable y una terrible rabia, tenía que permanecer aislado, oculto, temido y rechazado por todos.
Y cabe mencionar, a varios más: Como Talos, sobrino incestuoso de Dédalo, quien le dio muerte arrojándolo desde lo alto de la Acrópolis y al hacerlo provocó el suicidio de la madre, su hermana; ese crimen se re-escenifica –implacable Némesis- con la muerte de Ícaro, otro hijo de Dédalo, quien, cuando huyeron del laberinto en el que fueron aprisionados después del triunfo de Teseo sobre el Minotauro, no hizo caso de las indicaciones del padre y voló demasiado alto, cerca del sol que derritió las alas construidas por su progenitor.
También a Egeo, el desdichado padre que se suicida por un terrible olvido de su hijo, Teseo. Y Edipo, a quien éste ofreció hospitalidad y luego fue desterrado al saberle parricida.
En fin, hombres-héroes, cada uno con su propia historia, precedida a su vez por otra que remonta a las pasiones y dramas de los dioses –los ancestros ‘inmortales’-. Historias todas intensas y embrolladas por incestos, perversiones, parricidios, filicidios. Salvadores derrotados, monstruos víctimas…. los ‘juegos del destino’, el mito de los orígenes, la realidad psíquica y el delirio en las psicosis.” (Delgado, C; 1996)
Personajes y mito que Esperanza P. de Plá, en la conferencia inaugural de las primeras jornadas de AMERPI (marzo de 1988), relacionó así con las psicosis infantiles y el tratamiento de las mismas:
“De diferentes formas se percibe a Minotauro y Teseo, que reviven en nuestra tarea: cuando nos enfrentamos con la alineación y el poder trágico experimentado como destino, como designio de los dioses; cuando nos llega el drama de la muerte psíquica y social que acecha a muchos niños que han sorteado la muerte biológica; cuando experimentamos como un peligro siempre presente el quedar presos en el laberinto de la locura; cuando intentamos oponernos al ingenio siniestro de Dédalo y desarmar sus estratégicas y diabólicas construcciones; cuando se nos asigna el papel de héroes o cruzados por parte de la familia o la sociedad, y en el cual, trampa-laberinto de nuestro narcisismo, podemos caer… Pero sobre todo… lo central es conocer y sostener sin debilidad ni vacilación el hilo que hemos cogido como guía…” (P. de Plá, 1989, p. 9)
La puesta a navegar de este portal de AMERPI, este año 2016, nos lleva a hacer una reconsideración de lo realizado hasta ahora, dando una ojeada retrospectiva a ese hilo conductor que nos permite andar y desandar una y otra vez el laberinto, sin quedar atrapados en él y uno de sus significados, el de muerte-locura-confusión.
Porque en relación a los frutos del trabajo de AMERPI, vale la pena recordar que el laberinto también tiene otros significados, como el expresado por M. Eliade (1992) de … simbolismo de la existencia humana… la prueba (que) se repite una y otra vez.
Es también un trazo hecho en la tierra sobre el que se bordan preciosas danzas rituales inductoras del amor y la fecundidad, sentido que puede ser vinculado al significado de los nombres de Teseo y Ariadna: ella, la muy santa, la muy manifiesta, la muy fértil madre Cebada; el de él hace referencia a las “prendas (fálicas) depositadas”… en los cestos tejidos con espárragos y juncos. (Graves, 1985, p. 413)
Texto escrito por Celia Delgado Teijeiro.